Vancouver - A Baptism of Fire

July 23, 2014 by in category Articulos, Todo @es with 0 and 2

Vancouver- Un Bautismo de fuego

 

17 de Julio de 2014. El Gran Día llegó!!

 

La alarma suena ruidosamente. De una palmada la apago – hoy no habrá ningún botón para posponerla. En un intento de olvidar que no soy una persona matutina, solo me tomo un momento para acomodar mis ideas antes de zarpar hacia lo desconocido.

 

Me doy cuenta que estoy, al mismo tiempo, muy emocionado y un poco pensativo. Emocionado, porque, seamos honestos, tres viajeros sueltos por el mundo probablemente se van a divertir bastante. Pero un poco pensativo, porque la idea de pasar prácticamente todas las horas que Dios manda junto a dos personas, emprendiendo como caminantes la tarea de cruzar un territorio que es 22 veces el tamaño de Francia, de norte a sur, sin utilizar tren, avión o colectivo es -aunque me llamen anticuado- un poco intimidante. Pero, al igual que Michael Jordan (me imagino), me tomo un respiro y ato los cordones de mis zapatos.

 

Un tazón de cereales y un sorbo de jugo de naranja después, e Iván y yo nos encontramos fuera de la casa de Matthieu, alias “Sheepy´s house”- la casa de la Ovejita-. Le decimos así por su naturaleza suave y gentil. Apenas tenemos tiempo para hacer nuestro apretón de manos secreto y gritar «Sharing Bros» antes que Slav, nuestro conductor de “Djump”, un servicio de autos compartidos, -que felizmente viene con otro pasajero-, nos levante para ir al aeropuerto.

 

Le gerand départ

The big day has arrived

 

Ahí es donde todo toma velocidad: mamá consigue un beso, tomamos la carretera de circunvalación, las colas en el check-in, la palmadita amistosa en la parte inferior por parte de los agentes de seguridad, el embarque, algunas películas, una ensalada de pollo tan escasa de carne que un vegetariano felizmente podría disfrutar de ella, y, lo mejor de todo, ver cómo el pequeño avión vuela sobre el gran océano azul en el canal 99 de la TV. Luego, una siestita, un par de cabezazos, y llegamos.

 

Entonces ¿ahora qué?

 

Llegar a un aeropuerto extranjero sin la posibilidad de utilizar el tren o el autobús es un poco como traer tu propia comida para la cena de otra persona: si tienes una buena razón para hacerlo está bien -incluso puede ser agradable- pero sin embargo se siente un poco extraño. Tienes que pensar con la mente más abierta, “fuera de la caja”. Y así llegamos a nuestra primera “lluvia de ideas creativa”, con el propósito de encontrar la manera de no romper nuestra promesa de hierro de realizar un viaje utilizando sólo la economía colaborativa… Todo esto, 13 minutos después de llegar.

 

¿Dónde podríamos encontrar personas con espacio en sus autos que nos puedan acercar hasta la ciudad?

 

El lugar justo!

 

Cuatro minutos más tarde, estamos sentados en la parte trasera de una camioneta, con nuestro primer amigo transatlántico, Dwayne. Como buen canadiense, Dwayne ama la pesca del salmón, el esquí, sus dos niñas, y Chuck Norris. Conversamos de todo un poco, hablamos de nosotros, de él, de todo y de nada. Es maravilloso. Todo va bien. La aventura ya está en marcha!

 

Dwayne es la primera cara amable en darnos la bienvenida a Vancouver: Mai, Priscilla, Tobias, Hilary, Nathalie, “Franck el Campeón”, la “Chamber of Converse Quartet”, José y tantos otros. Gracias a todos!

 


 

Vancouver- El Gigante Verde

 

Son las 10 de la mañana y acabamos de devorarnos una buena media docena de panqueques. “Sheepy” se pone colorado, mientras Iván agrada a la moza con su sonrisa de “dame de comer”. Por mi parte, trato de perfeccionar el acento de Quebec, con poco éxito, tengo que admitirlo. Hinchados, pero satisfechos, decidimos estirar las piernas a lo largo del Puente Burrard. Es una muy linda vista: a la derecha hay montañas y abajo, el agua azul clara. Nos vamos alejando del centro de la ciudad. Es un poco como Disneylandia – todo es nuevo, emocionante. El mundo es un patio de juegos. Nuestro patio de juegos.

 

Los automóviles van en fila, unos tras otros, sin embargo, son completamente diferentes: una mujer de traje conduce un Smart. Sigue un carnicero en su pick-up. Luego, un hombre de negocios en un Mustang o un adolescente chino en un BMW Serie 6. Terminamos en la calle West Hastings. Esta pequeña metrópolis es el lugar para ser visto por cualquiera que se precie de ser un “niño bien” o un “estudiante cheto”. Hay oficinas de nuevos emprendimientos, cafés al estilo de Ámsterdam, edificios brillantes, algunos turistas. (Y nosotros). Pero a 50 metros de allí, la calle East Hasting o “el lugar de los Milagros” es como Silicon Valley para drogadictos o traficantes. En una buena muestra del espíritu comunitario, venden los excedentes y planean su próximo golpe. La siguiente calle es Chinatown. Todo está en chino. Como era de esperar.

 

Ya tenés una idea general. Todo es loco. O algo así.

 

Eso es lo más divertido con Vancouver. Todo el mundo que vive aquí, debe sentirse diferente, e igual en esa diferencia: viejo, joven, asiático, occidental, rico, pobre, urbano o rural, todo parece encajar. Y todo el mundo parece conocerse entre sí: la gente conversa en el autobús, se saluda en el metro; extraños bailan en los bares.

 

Hacemos lo que podemos para integrarnos. “Sheepy” habla de deporte (probablemente de hockey sobre hielo) con alguien en el autobús, mientras que Iván, para sorpresa y admiración de todos, desempolva su rudimentario mandarín para presentarse a un chino. Su nuevo amigo le responde en mandarín. No tenemos idea de lo que dijo, pero contentos suponemos que es un proverbio chino sobre los viajeros; y luego de eso, superan juntos un silencio bastante incómodo.

 

Realmente sientes que Canadá es un cruce entre los Estados Unidos y Europa. Los lugareños tienen una capacidad para entusiasmarse con todo, mientras que todavía mantienen algo que nos recuerda las antigüedades francesas. Los significados son claros sin ser obvios, y uno tiene que permanecer en vilo para leer entre líneas, y para saber que algunas cosas simplemente no se hacen: Sheepy tuvo la loca idea de cruzar la calle mientras el semáforo estaba en rojo – su entusiasta maniobra fue recibida con indignación absoluta y disgusto de peatones y automovilistas por igual. #cómoperderamigosyalejargente

 

Por supuesto, no todo es color de rosas en Vancouver. El costo de vida es uno de los más altos en América del Norte, y los costos de alquiler llegan hasta el 70% de los ingresos de los hogares, lo que no deja mucho margen para llegar a fin de mes.

 

Vancouver también se enfrenta al problema del aislamiento social. Mientras que en otros lugares este problema se asocia a menudo con las personas mayores, en Vancouver el grupo de 25-34 años de edad también lo sufre. Como lo explica la Fundación Vancouver en su informe, las interminables oleadas de gente que llega generan problemas de integración, que a menudo lleva a los migrantes a sentirse solos y aislados.

 

« En Vancouver, todo el mundo es amable, sin necesariamente convertirse en un amigo. »

– Brennan, uno de nuestros anfitriones en Couchsurfing.

 

Sin embargo, lejos de ser pesimistas, muchos ven aquí un gran potencial. Pienso, en particular, en personas como Hilary, un miembro activo de “Share Vancouver”, una organización que promueve y facilita el movimiento colaborativo en toda la región. Para ellos, la economía colaborativa da la posibilidad de: a) mejorar la gestión y compartir recursos, y b) conocer amigos con ideas afines. Esto no parece tan loco, sobre todo desde que Vancouver quiere convertirse en la Ciudad Más Verde del Mundo para el año 2020.

 

Del mismo modo, seguro no es una coincidencia que haya muchos proyectos de colaboración en toda esta zona: “Modo” (una cooperativa de automóviles compartidos) “Suite Genius” y “Hive” (para compartir oficina y espacios de trabajo) y “Tool Library” (un centro de bricolaje e intercambio de herramientas) por nombrar sólo algunos.

Para tener más info sobre la economía colaborativa en Vancouver, dale un vistazo a nuestro Boletín!

 

Podemos decir que Vancouver es Johnny Depp. Es elegante y encantador, sin ser ostentoso. Librepensador y de mente abierta, es accesible sin dejar de ser peculiar y poco convencional. No trata de impresionar o dominar -simplemente porque no tiene por qué.

 

Igualmente para nosotros, es como un primer amor. En nuestra aventura colaborativa, nos ha mostrado más de un par de cosas, y nos preparó para lo que viene después. Y aunque sin duda habrá otros que vienen después, el primer amor es a menudo el más especial.

 

Gracias a todos por esta semana loca e interesante!

 

Un agradecimiento especial a: Dwayne, Hilary, “the Chamber of Converse”, Franck “el Campeón”, Margarete & Jeremy, Mitchell & Josh, Nathalie, y todos los demás que nos hicieron sentir muy bienvenidos. Y por último pero no menos importante: MAX! Por su rápida prosa y amable ayuda en la traducción de este artículo.

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